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viernes, 18 de octubre de 2019

Apuntes sobre dolarización

Por Odalis F. Marte
@ofmarte



La dolarización de una economía se manifiesta en la preferencia de los agentes económicos en utilizar una moneda extranjera para algunas de las funciones básicas del dinero, ya sea en el mercado de bienes, el mercado de trabajo o en el sistema financiero[1]. El proceso de dolarización experimentado por muchas economías de países en desarrollo, corresponde, en gran medida, a los esfuerzos de los agentes económicos de preservar el valor de sus activos expresándolos en una unidad monetaria relativamente estable en el largo plazo. La devaluación del numerario doméstico y la inflación conllevan a una destrucción de riqueza expresada en moneda extranjera. A pesar de los esfuerzos de política económica y los avances en el mantenimiento de la estabilidad de precios en muchas de estas economías, la necesidad evidente de avanzar en materia institucional de forma que las políticas públicas sean conocidas y estables en el tiempo, produce una actitud de precaución en las decisiones de ahorro e inversión así como en la composición de los activos y pasivos de los agentes económicos[2].

La deficiencia proveniente de la limitada confianza en la estabilidad de la política económica en el largo plazo es compensada parcialmente mediante el exceso de rendimientos de los activos denominados en moneda nacional con respecto a aquellos denominados en moneda extranjera, así como, en algunos casos, mediante el establecimiento de esquemas de indexación al tipo de cambio con respecto al dólar estadounidense. Los agentes económicos mantienen sus reservas respecto a la confianza que les asignan al estado de las políticas fiscal y monetaria, aunque conceden cierto grado de credibilidad a las autoridades que han podido mantener estables las principales variables macroeconómicas.

La adopción de regímenes monetarios y cambiarios que obligan a la libre convertibilidad de la moneda a algún tipo de divisa o valor de aceptación universal  (patrón bien, patrón oro o libre convertibilidad con respecto a alguna moneda dura), constituyen formas de regular o controlar el monopolio estatal  en la producción de dinero.

En principio, la dolarización consiste en una fijación creíble[3] del tipo de cambio de carácter irreversible[4]. Por esta razón aplican, para su análisis, los requisitos convencionales para el buen funcionamiento de una economía bajo un sistema de tipo de cambio fijo con caja de conversión[5]. Estos requisitos son: balance fiscal equilibrado; sistema financiero fuerte, bien supervisado y con amplia presencia de la banca extranjera; mercado laboral flexible; sector exportador fuerte y diversificado, con relativa baja dependencia en commodities; y clima de inversiones adecuado tanto para el capital doméstico como para la inversión extranjera.

En ese orden, es importante considerar ciertas características deseables en una economía para lograr la meta de la dolarización. En primer lugar, en un sistema de tipo de cambio fijo la emisión monetaria por parte del banco central es controlada mediante la convertibilidad del peso en la divisa extranjera a la que se fije el tipo de cambio[6]. Mantener el tipo de cambio fijo implica que las autoridades se comprometen a conservar estable la masa monetaria y, de violar este compromiso, pagarían un costo político por no cumplir con esta obligación. De este modo, en la medida en que el costo político hace creíble el compromiso de mantener la paridad, se producirá un aumento en la demanda por dinero.

Una forma más rígida de fijación de tipo de cambio (más cercana a la dolarización) lo constituye el establecimiento de una caja de conversión. En este caso se prohíbe por ley modificar el tipo de cambio, así como se prohíbe la emisión de dinero sin el respaldo correspondiente de reservas denominadas en la divisa a la que se fija el tipo de cambio. Adicionalmente, la fijación permanente del tipo de cambio inhibe al gobierno de utilizar la política monetaria para la consecución de objetivos macroeconómicos.

Dolarización en el sistema financiero de la República Dominicana

El proceso de dolarización en el sistema financiero dominicano se puede considerar como reciente[7]. Aunque la RD no ha experimentado episodios de hiperinflación, ha registrado importantes desequilibrios macroeconómicos en los períodos 1983-1985, cuando se abandonó el régimen de tipo de cambio fijo y se adoptó un sistema cambiario de flotación manejada[8]; 1987-1991, cuando el país tuvo que encarar importantes reformas, y 2003-2004, cuando experimentó una crisis financiera nacional que costó, inicialmente, cerca de 20% del PIB. Estos desequilibrios condujeron a importantes niveles de devaluación e inflación lo cual impulsó una mayor dolarización de su sistema financiero.

Durante el período 1989-1990, la política fiscal expansiva y su monetización contribuyeron a la desestabilización de la economía arribando a un déficit en la balanza de pagos insostenible que culminó en una suspensión de pagos.  En 1990, la RD experimentó el nivel más alto de inflación registrado en su historia (79.9%), con un déficit fiscal de 4.7% del PIB, déficit en cuenta corriente de 2.6% del PIB y una caída del producto de -5.5%. Durante la década de los 1980, el peso dominicano experimentó una tasa de devaluación acumulada de 268.8%. Esta inestabilidad fue acompañada por una crisis financiera de proporciones significativas.

En agosto de 1991, la RD inició  un proceso de estabilización el cual incluyó la aprobación de un acuerdo Stand-By por el Fondo Monetario Internacional por 19 meses, con el que se perseguía restaurar el equilibrio de la balanza de pagos, reducir las presiones inflacionarias y crear condiciones para el crecimiento económico.

La estabilización así como las subsiguientes reformas estructurales contribuyeron a triplicar la tasa de crecimiento promedio del PIB al pasar de 2,3 %, en la primera mitad de los 1990, a 7,7% en la segunda mitad de esa década. Este crecimiento fue acompañado de tasas de inflación de un solo dígito (6,5% en promedio durante el período 1996-2000) y desequilibrios en las cuentas fiscal y de balanza de pagos manejables[9]. A partir de 2001, la economía dominicana enfrentó los embates de choques externos originados en los incrementos en los precios internacionales del petróleo, la desaceleración de la economía estadounidense y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos (EEUU); esas perturbaciones se aunaron a los desequilibrios fiscales internos. La quiebra de importantes bancos implicó un costo de rescate ascendente al 20.3% del PIB y un aumento de la emisión monetaria en 101.6% con respecto a 2002 lo cual produjo una inflación de 42.7% en 2003.

La preferencia de los agentes económicos a realizar algunas de sus transacciones bancarias en moneda extranjera se corresponden con una estrategia de protección del valor de los activos financieros ante eventos de depreciación e inflación. La apertura de cuentas de ahorro y a plazos en dólares en la RD se inicia en la segunda mitad de la década de los 1990 y experimentó un crecimiento sostenido acelerado durante en la pasada década.

El nivel de dolarización medido por medio de indicadores de sustitución de activos, tales como la razón depósitos en moneda extranjera sobre depósitos en moneda nacional, así como la razón depósitos a plazo en ambas monedas, muestra qué tanto el uso de moneda extranjera va sustituyendo a la moneda nacional en la función de depósito de valor del dinero.  A pesar de la inestabilidad cambiara experimentada entre 2002 y 2004, solamente los depósitos en cuenta de ahorro tendieron a dolarizarse, al pasar de una relación de 48 centavos de cada peso depositado denominado en moneda extranjera en 2002 a 80 centavos por cada peso depositado denominado en moneda extranjera en 2003. En 2004, por cada peso depositado en cuenta de ahorro en el sistema financiero nacional, había el valor de un peso con nueve centavos depositados en moneda extranjera y a mediados de febrero de 2005, la relación era de 1 a 1.15. Para el caso de los depósitos a plazo, el proceso de sustitución de activos tendió a decrecer debido a las altas tasas de interés impulsadas por el Banco Central de la República Dominicana.

El indicador de sustitución de pasivos muestra una tendencia decreciente debido a las restricciones al crédito impuestas por la política monetaria así como debido a la incertidumbre en el mercado financiero y la inflación amenazaban al sistema financiero en su función de intermediación. En 2003, de cada peso prestado había 58 centavos denominados en moneda extranjera. Esta relación cayó una relación de 1 a 0.37 en 2004.

El nivel de dolarización financiera comparativamente bajo en la RD podría explicarse en cierta medida en los relativamente largos períodos de escasa fluctuación cambiaria y no haber experimentado niveles de inflación extraordinariamente altos por un largo período de tiempo. Además, con el propósito de contrarrestar los efectos inflacionarios del exceso de oferta de dinero, el BCRD ha colocado certificados de inversión por un monto superior a RD$122 mil millones a tasas de interés muy atractivas[10] lo cual contribuyó a que se mantuviera pesificado una proporción considerable del ahorro privado. Sin embargo, en la presente coyuntura, el relativamente bajo nivel de dolarización podría también atribuirse a la fuga de capitales producto de la incertidumbre que generan las crisis financieras[11].

En la medida en que la economía dominicana vaya estabilizándose es de esperarse el retorno de capitales que antes hubieran salido producto de la incertidumbre. En ese orden, el grado de dolarización de los depósitos podría depender de si una proporción importante del capital retornado entra en el sistema financiero en forma de depósitos denominados en moneda nacional o en moneda extranjera. El proceso de apreciación que ha observado el peso a partir de agosto de 2004 y la credibilidad de las políticas de estabilización jugarán un papel determinante en ese resultado.  

¿Es la dolarización realmente ventajosa?

Las ventajas de una dolarización más frecuentemente mencionadas se refieren a las ganancias provenientes de eliminar la posibilidad de que las autoridades nacionales creen inflación mediante la política monetaria por lo que la inflación doméstica tendería a ser parecida a la de EEUU y la tasa de interés doméstica sería igual a la estadounidense más una prima por riesgo-país. Adicionalmente, existen potenciales ganancias de eficiencia en el comercio bilateral al transarse con una única moneda.

Dentro de las desventajas, se mencionan las pérdidas de señoreaje y de la condición del banco central como prestamista de última instancia, salvo abundancia de reservas internacionales netas. 

Edwards y Magendzo (2001) y Klein (2002) encuentran una pobre evidencia de ganancias en crecimiento sostenido y mayor comercio con EEUU en los países dolarizados. Edwards y Magendzo, por un lado, encuentran resultados satisfactorios para los países dolarizados en materia de inflación en comparación con los países no dolarizados. Estas ganancias de inflación, sin embargo, son contrarrestadas por las tasas de crecimiento relativamente bajas que presentan los países dolarizados, como resultado de las dificultades que presentan estas economías para amortiguar los choques externos negativos. Klein (2002), por otro lado, encuentra que la dolarización no incrementa significativamente el comercio de la economía dolarizada con los EEUU. Más aun, los efectos derivados de una dolarización, según este autor, no son marcadamente distintos a los de fijar el tipo de cambio.

República Dominicana: Indicadores de dolarización portafolio de los agentes económicos

Sustitución de Depósitos
Sustitución de Préstamos
Total ME/ Total MN/1
Otros ME/ Otros MN/2
ME / Total
2000
22.7%
31.3%
17.0%
2001
28.5%
39.7%
19.1%
2002
34.6%
46.0%
23.7%
2003
36.9%
51.2%
29.8%
2004
33.6%
45.7%
21.5%
2005
33.2%
46.4%
18.4%
2006
30.6%
45.6%
12.9%
2007
29.3%
43.9%
13.9%
2008
31.1%
43.5%
17.0%
2009
29.6%
42.6%
16.3%
2010
33.2%
46.1%
18.0%
2011
33.6%
46.2%
17.4%
2012
35.4%
48.0%
20.8%
2013
35.9%
49.6%
24.4%
2014*
35.8%
48.8%
23.5%
*A junio 2014
1/Incluye Transferibles y Otros
2/Otros depósitos incluye de Ahorro y a Plazo

¿Es factible una dolarización de la economía dominicana?

Para considerar la posibilidad de una dolarización plena de la economía dominicana, es preciso evaluar  la experiencia probada de otros países así como estudiar los pros y contras de una reforma de tal envergadura.  Cabe cuestionarse si la RD forma un área monetaria óptima con los Estados Unidos, cómo establecer los mecanismos de amortiguamiento de choques externos que requiera de ajustes de tipo de cambio real y qué pasaría, por ejemplo, con los sectores generadores de divisas ante una apreciación del dólar como consecuencia de la aplicación de una política restrictiva por parte del banco central estadounidense. Como economía pequeña y abierta, exportadora de bienes primarios y de servicios, la RD está expuesta a constantes choques externos que requieren de agilidad de ajuste en su tipo de cambio real para mantener su nivel de competitividad.

Del mismo modo, debe aclararse quién asumirá la función de prestamista de última instancia, función que podrían asumir las casas matrices de los bancos extranjeros que operen en el país, esto implicaría una apertura del mercado financiero dominicano a la banca extranjera. Como en una economía dolarizada las funciones del banco central son mínimas, entonces es preciso un régimen de supervisión bancaria estricto dado que no habría rescate ante quiebra de bancos.

Dada la escasa disponibilidad de reservas internacionales por parte de la RD, podría contemplarse la libre competencia de monedas donde el dólar adquiera la calidad de moneda de curso legal conjuntamente con el peso, permitiendo que el mercado asigne a cada moneda un uso consistente con la eficiencia de cada una en las transacciones y como depósito de valor[12].

La decisión de dolarizar una economía requiere de considerar varias reformas adjuntas, algunas de las cuales podrían ser de dudosa factibilidad política. Ante esta disyuntiva, probablemente, valdría la pena considerar la alternativa de una mayor reforma institucional en el ámbito de la formulación de las políticas económicas. Una mayor independencia en el diseño e implementación de la política monetaria facilitaría la implementación de un régimen de administración de la política monetaria completamente comprometido con la estabilidad de precios.

¿Dolarización o completa autonomía del Banco Central?

Probablemente, la alternativa de una mayor reforma institucional en el ámbito de la formulación de las políticas económicas podría ser una mejor idea. Nos referimos a la total autonomía del Banco Central. El establecimiento de una autoridad monetaria completamente independiente de la autoridad política facilitaría el establecimiento de un régimen de administración de la política monetaria totalmente comprometido con la estabilidad de precios. Existe abundante bibliografía y experiencias exitosas que corroboran los beneficios inherentes a una autonomía del banco central[13], tanto en el abatimiento de la inflación como en la credibilidad de las autoridades del Banco Central, sin importar el ciclo político que experimente el país. A la luz de ese acervo, los dominicanos podrían abordar unas reformas que responda mejor a las necesidades de mantenimiento de la estabilidad macroeconómica de largo plazo.

Referencias

  • Álvarez, Roberto. “Dolarización Financiera en América Central”. Banco Interamericano de Desarrollo, 2003.

  • Berg, A. y Borensztein, E. “Plena dolarización: ventajas e inconvenientes”, Fondo Monetario Internacional, Washington. 2000.

  • Brea, H., Dávalos, M. y Santos, I, “La dolarización, evaluación teórica y práctica”, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Santo Domingo, 2001.

  • Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “Economía y Desarrollo Social en la República Dominicana: Los Retos a Inicios del Siglo XXI”. México, 2002.

  • De Nicoló, Gianni; Patrick Honohan y Alain Ize. “Dollarization of the Banking System: Good or Bad?” IMF 2003.

  • Edwards, S. y Magendzo, I, “Dollarization and economic performance: what do we really know?”, Banco Central de Chile, 2002.

  • Estadísticas monetarias del Banco Central de la República Dominicana, 2001-2005.

  • Fontaine, Juan Andrés, “Official versus expontaneous dollarization”, Cato Institute, Washington, D.C., 2000.

  • Hanke, Steve, “The Dominican Republic Resolving the Banking Crisis and Restoring Growth”. CATO Institute, 2004.

  • Klein, Michael, Dollarization and trade, National Bureau o Economic Research, 2002.

  • K.J. Courts, H. Guiliani Cury y F. Pellerano, “Stabilisation Programmes in the Dominican Republic” International Institute for Labour Studies (International Labour Organization). 1986.

  • Ossa, Fernando, “Sistemas Monetarios Internacionales”, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2002.

  • Rojas-Suárez, Liliana. La dolarización en El Salvador: Logros y desafíos para el desarrollo económico. Conferencia magistral, San Salvador 2002.

















[1] Cabe recordar que las funciones básicas del dinero definidas por la teoría económica son: Unidad de cuenta, depósito de valor y medio de cambio.
[2] De Nicoló, Honohan e Ize (2003) encuentran que la credibilidad de las políticas macroeconómicas y la calidad de las instituciones son determinantes claves de las variaciones en el grado de dolarización en diferentes países.
[3] Se puede decir “creíble” porque se elimina la posibilidad de producir una devaluación por parte de las autoridades monetarias.
[4] Dado que los procesos de dolarización surgen como resultado de crisis macroeconómicas profundas, constituyen una solución extrema a la falta de credibilidad de las políticas de estabilización. Sin embargo, la historia registra el caso de Liberia, país africano que, después de dolarizar su economía en 1944, sustituyó el dólar por una moneda nacional en 1983. Ver Edwards y Magendzo (2001.)
[5] Una caja de conversión constituye una forma más dura de tipo de cambio fijo menos extrema que la dolarización, sin embargo, en la práctica es muy similar a la dolarización. Ver Fontaine (2000.)

[6] Este mecanismo puede funcionar adecuadamente si la tasa a la que se fija la convertibilidad se mantiene a lo largo del tiempo y no sufre devaluaciones periódicas que hacen el tipo de cambio transitoriamente fijo. Ver Ossa (2002.)
[7] Sin embargo, más de dos décadas antes de la fundación del Banco Central de la República Dominicana en 1947, la economía dominicana estaba totalmente dolarizada.
[8] Para un análisis sobre el proceso que acompañó la inestabilidad macroeconómica y el plan de estabilización aplicada con asistencia del FMI, ver Courts, Guiliani Cury y Pellerano, (1986).

[9] Para un análisis del notable desempeño de la economía dominicana en la década de los 1990, consultar CEPAL (2002).

[10] El BCRD llegó a acordar tasas de hasta 60% de interés anual para los certificados de inversión (CI) en algunas subastas. Los CI representaban un déficit cuasifiscal anual cercano a RD$30,000 millones a mediados de 2004.
[11] En medio del ambiente de desconfianza que afectó la economía dominicana hasta mediados de agosto de 2004, el tipo de cambio experimentó una sobre-reacción al colocarse en 54 pesos por dólar en febrero de 2004, para descender a alrededor de 38 pesos por dólar en septiembre del mismo año.
[12] Ver Hanke (2004).
[13] Cabe mencionar las conocidas experiencias de Nueva Zelandia y Chile.

martes, 14 de mayo de 2019

Tendencia al envejecimiento y baja productividad laboral reducirían tasas reales, crecimiento económico e inflación


Por Odalis F. Marte
      @ofmarte

En una disertación presentada en el contexto de una conferencia de alto nivel del Sistema Monetario Internacional en Zürich, Suiza, el 14 de mayo de 2019, el presidente de la FED de New York, John C. Williams advirtió que  la economía mundial enfrenta dramáticos cambios que inhabilitarían la capacidad de la política monetaria convencional para responder a futuras recesiones. Según Williams, la economía mundial observa dos tendencias demográficas evidentes: las personas generalmente viven más y el crecimiento de la población se está desacelerando. Por ejemplo, la esperanza de vida general en los países de la OCDE ha aumentado de unos 65 años en la década de 1950 a casi 80 años en la actualidad, y se prevé que superará los 90 años para fines de este siglo. A pesar de este aumento en la longevidad, la disminución de las tasas de natalidad está paralizando el crecimiento de la población. En los países de la OCDE, el crecimiento de la población promedió más del 1 por ciento en los decenios de 1950 y 1960, pero ahora está en el medio por ciento anual, y se espera que disminuya gradualmente antes de caer en cifras negativas para 2070.


Por otro lado, Williams señaló que cuando se trata de productividad, los cambios no son menos dramáticos. En las economías de la OCDE, el crecimiento de la productividad laboral - la cantidad producida por hora de trabajo, ha promediado un poco más del 1 por ciento por año desde 1995, aproximadamente la mitad del ritmo observado en la década anterior. Un factor importante que impulsa la desaceleración es una disminución dramática en la tasa de crecimiento de la "productividad total de los factores", o TFP, una medida de la innovación y el cambio tecnológico.
Estos cambios globales en la demografía y la productividad tienen dos implicaciones importantes para el futuro de nuestras economías y para la política monetaria. Primero, un crecimiento más lento de la población y la productividad se traduce directamente en un crecimiento económico de tendencia más lenta. En segundo lugar, estas tendencias han contribuido a una disminución dramática de la tasa de interés real normal o "neutral" de largo plazo (r*).

Williams acotó que un crecimiento más lento que el tendencial reduce la demanda de inversión, mientras que una mayor expectativa de vida tiende a aumentar el ahorro de los hogares. Esta combinación de una menor demanda y un mayor suministro de ahorros, junto con otros factores, ha empujado hacia abajo la r*. Con mercados de capital abiertos, estos cambios globales en la oferta y la demanda afectan a r* a nivel mundial.

La disminución global en la r* continuará planteando desafíos importantes para la política monetaria. Dado el limitado espacio de política monetaria para recortes de tasas de interés en futuras desaceleraciones, las recuperaciones serán lentas y la inflación por debajo de la meta. La limitación en la capacidad de los bancos centrales para compensar las recesiones se traduce en un ciclo de retroalimentación adverso, por el cual las expectativas de baja inflación futura reducen la inflación actual y reducen aún más el espacio de políticas disponible.

Los formuladores de políticas de todo el mundo deben prepararse para los desafíos de navegar por las nuevas realidades del lento crecimiento mundial y las bajas r*. Esto requiere nuevas ideas y enfoques para las políticas monetarias, fiscales y otras políticas económicas.

A partir de la política monetaria, los bancos centrales deben revisar y reevaluar sus marcos de políticas, estrategias y kits de herramientas, para maximizar la eficacia en un mundo de bajas r*.
Williams argumenta que, fuera de la política monetaria, hay una serie de vías por las cuales las autoridades fiscales pueden aumentar la resiliencia de las economías a los choques negativos. Una es fortalecer los “estabilizadores automáticos” que proporcionan un impulso a la economía durante una recesión. Una segunda es alinear las decisiones de gestión de la deuda más con la política monetaria. Por ejemplo, durante una desaceleración, la autoridad fiscal podría optar por acortar la duración de la emisión de deuda para reforzar los efectos de la flexibilización cuantitativa del banco central. En tercer lugar, las políticas de regulación y supervisión que apoyan la resiliencia del sistema financiero pueden limitar los efectos económicos de los choques negativos.

Finalmente, Williams recomienda que las políticas fiscales y otras políticas económicas pueden atacar directamente las fuentes de crecimiento lento y baja r*. Esto incluye aumentar la inversión pública y privada en capital humano y físico, infraestructura, ciencia y tecnología, y políticas dirigidas a eliminar las barreras a la participación en la fuerza laboral y la economía en general.

Referencia

Williams, John C. When the Facts Change…14 de mayo, 2019.  https://www.newyorkfed.org/newsevents/speeches/2019/wil190514

sábado, 5 de mayo de 2018

Bancos contribuyen a reducción de emisiones de carbono en República Dominicana


Varios bancos en la República Dominicana están contribuyendo a los esfuerzos nacionales de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mientras amplían sus carteras de préstamos. Contribuyen mediante dos vías: financiando proyectos de eficiencia energética y de generación de energías limpias, y mediante la adopción de acciones de negocio amigables al medio ambiente.

La cartera de préstamos “verdes” crece moderadamente, pero tiene un gran potencial. Muchas empresas de distintos tamaños y actividades económicas están accediendo a préstamos bancarios para financiar la adquisición de equipos de generación de energías limpias in situ o de algún otro tipo de bien de capital de ahorro energético, entre otros.

Dentro de las acciones implementadas, se pueden destacar las instalaciones de paneles fotovoltaicos para la generación y uso de energía solar en varias sucursales, la reducción del uso de papel incluyendo el envío por correo electrónico de los estados bancarios de sus clientes, el creciente uso de la banca en línea para distintas transacciones bancarias incluyendo pagos de tarjetas de crédito y préstamos, así como pago de servicios de agua, electricidad, telecomunicaciones, entre otros. Con ello, reducen sus costos al tiempo que aumentan sus prácticas de responsabilidad social corporativa.


Los clientes personales y corporativos de la banca tienden a utilizar menos dinero en efectivo, lo cual contribuye a reducir la necesidad de traslado a las oficinas bancarias y, potencialmente, el uso de medios de transporte que podrían ser contaminantes. No obstante, si bien se está avanzando, hay un gran camino por recorrer en tanto los agentes económicos reduzcan su alta preferencia por la liquidez de manera más aceleradas.


La reciente decisión de importantes bancos de unificar sus cajeros automáticos (ATM) bajo una sola red sería un paso trascendental si bajo esa acción se combina una ampliación de su cobertura conjuntamente con una reducción de unidades de ATM[1]. Si se toma en consideración que estos aparatos, dependiendo de su tipo, marca y año de fabricación, pueden consumir diariamente 5.52kWh sin incluir que muchos son instalados en sitios climatizados para una temperatura adecuada para el equipo. Además, los ATM suelen ser utilizados, por menos de una cuarta parte de las 24 horas/7 días en que se mantienen encendidos[2].




jueves, 6 de julio de 2017

¿Por qué la gente suele percibir erróneamente que la inflación es más alta de lo que realmente es?

Por Odalis F. Marte*
@ofmarte

Frecuentemente se escuchan personas opinar que para ellos la inflación es más alta de lo que reportan las estadísticas oficiales siempre formulando la pregunta de ¿usted va al supermercado? La respuesta podría parecer obvia para un economista o un experto en estadísticas, pero no necesariamente así para el resto de la humanidad. Sabemos que la tasa de inflación suele calcularse como la variación porcentual del índice de precios al consumidor (IPC). El IPC es un promedio ponderado que se construye a partir de una canasta de grupos de bienes representativos del consumo de la población.

En el caso de la República Dominicana, el gráfico a continuación muestra cuánto pesa cada grupo de bienes en la canasta, destacándose que los bienes agrupados en Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, Transporte y Vivienda representan poco más de la mitad de esos grupos de bienes. Por lo tanto, cuando se utilizan los precios observados en el supermercado, se estaría haciendo referencia a los precios de los alimentos que representa 25.10% de la canasta de bienes utilizados en el cálculo del IPC.

Grupos de alimentos que componen la canasta base de cálculo del IPC en la República Dominicana

Fuente: Banco Central de la República Dominicana
Que el público crea que la inflación es más alta que lo que revelan los datos oficiales no es un fenómeno exclusivo de un país en particular. De este modo, los estadounidenses, los británicos y los japoneses, por ejemplo, consistentemente opinan que perciben una inflación superior. La razón de esto no es clara.

En agosto de 2012, el corresponsal económico Jacob Goldstein, coanfitrión de Planet Money, un programa de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos (NPR, por sus siglas en inglés) que simplifica para su audiencia las complejidades de la economía, publicó un interesante artículo titulado Everybody Always Thinks Inflation Is Higher Than It Really Is (Todo el mundo siempre piensa que la inflación es más alta de lo que realmente es). 

Goldstein indagó sobre por qué la gente en Estados Unidos (y en otros países) tendía a creer que la inflación era más alta de lo que mostraban las cifras oficiales, lo que le llevó a revisar algunas investigaciones que estudiaron esa percepción.

Evolución de la inflación en los Estados Unidos de América (las áreas sombreadas corresponden a períodos de recesión)

En este sentido, Goldstein encontró la explicación que buscaba en el estudio de Georganas, Healy y Li (2014)  en donde encuentran que los consumidores tienden a fijarse en los precios de los bienes que compran con más frecuencia (sesgo de frecuencia), los cuales suelen ser bienes de consumo inmediato como son los alimentos, pero  tienden a obviar que muchos bienes de consumo duradero han tendido a experimentar aumentos de precio más moderados y, en algunos casos, hasta a bajar de precio a lo largo del tiempo. De este modo, el público se refiere a los precios de los bienes que compra con más frecuencia como referencia de la inflación de toda la economía cuando un grupo de bienes, por ejemplo, los alimentos en el caso dominicano representan sólo una cuarta parte de la canasta de bienes que entran en el IPC, base de cálculo de la inflación.

Más aún, el coautor del estudio Paul J. Healy, de la Universidad Estatal de Ohio, dijo en una entrevista con Jacob Goldstein que la gente tiende a notar más cuando los precios suben y a no darle igual importancia a cuando los precios bajan. Esto porque el público suele fijarse más en las malas noticias que en las buenas…

Esta es una discusión que ha de continuar debido a que algunos economistas académicos y hacedores de política económica suelen creer que la eficacia de la política monetaria depende más de la percepción de tasa de inflación que la tasa real de inflación calculada (Bernanke, 2007; Blanchard et al., 2010). Mientras tanto, extender la educación ciudadana sobre lo que es realmente la tasa de inflación (y su diferencia con lo que llamamos “el costo de la vida”) deberá seguirnos ocupando por tiempo extendido.
* Las opiniones expresadas en este escrito son de la exclusiva responsabilidad de su autor.

Referencias

Bernanke, B.S., 2007. Inflation expectations and inflation forecasting. Speech at NBER Summer Institute Monetary Economics Workshop.
Blanchard, O., Dell'Ariccia, G., Mauro, P., 2010. Rethinking macroeconomic policy. J. Money Credit Bank. 42, 199–215
Georganas, Healy y Li (2014). Frequency bias in consumers' perceptions of inflation: An experimental study. http://healy.econ.ohio-state.edu/papers/Georganas_Healy_Li-InflationExperiment.pdf.

Goldstein, Jacob (2012). Everybody Always Thinks Inflation Is Higher Than It Really Is. http://www.npr.org/sections/money/2012/08/15/158832170/everybody-always-thinks-inflation-is-higher-than-it-really-is?sc=tw

jueves, 16 de febrero de 2017

Aprestos de desregulación financiera en Estados Unidos: Ley Dodd-Frank y metales conflictivos

Mientras indagábamos sobre posibles efectos de una posible flexibilización de las regulaciones financieras en los Estados Unidos sobre las economías como la dominicana, y sus implicaciones para la política monetaria, mediante una modificación de la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y Protección del Consumidor (http://www.bancentral.gov.do/noticias/pag_abierta/archivos/pag20170214.pdf), notamos aspectos de esa normativa que van más allá de lo concerniente a la estabilidad financiera.
Por ejemplo, el artículo 1502 de esta Ley incluye requisitos para las empresas que utilizan oro, estaño, tungsteno y tántalo, metales que son insumos en la industria electrónica, deban determinar si esos materiales provienen de la República Democrática del Congo o de un país adyacente y, en caso afirmativo, llevar a cabo una "debida diligencia" de su cadena de suministro para determinar si sus compras de minerales contribuyen al financiamiento de grupos armados en la zona. Este aspecto concitó malestar en el sector empresarial estadounidense argumentando lo costoso de cumplir con la regulación.
La Ley de Dodd-Frank (2010) se considera un marco regulatorio muy grande de 2,300 páginas. Esta Ley restituyó y amplió muchas de las provisiones regulatorias de la Ley Glass-Steagall, que sólo contaba con 37 páginas, la cual había sido promulgada en 1936 luego de la Gran Depresión. El sector privado en Estados Unidos, incluyendo a las instituciones financieras se quejan de que el marco regulatorio es demasiado abarcador, engorroso y costoso de cumplir, por lo que les resta capacidad de expansión de sus negocios. La administración del presidente Trump quiere satisfacer esas demandas aduciendo que perjudica el acceso al crédito, pero recientemente la gobernadora del Banco de la Reserva Federal, Janet Yellen, negó que hubiera restricciones al crédito citando una encuesta de la National Federation of Independent Businesses en donde el 96% de los agentes económicos consultados afirman que accedían al crédito privado bajo requisitos normales. Yellen también afirmó que los bancos estadounidenses son más rentables y sólidos que sus contrapartes en países desarrollados.

Mirando tanto interés político alrededor de la regulación financiera, uno se puede preguntar si no habría algo más que querer facilitar el acceso al crédito. Para los políticos profesionales y aficionados, el ejercicio de la política es excitante, para los tecnócratas puede ser una actividad cargada de misterios. Algunos de esos misterios pueden resultar imperceptibles para la opinión pública porque, como en su momento afirmaba Juan Bosch, “en política hay cosas que se ven y cosas que no se ven, y las que no se ven son las más importantes".

martes, 20 de septiembre de 2016

La política monetaria puede contribuir al compromiso nacional ante el cambio climático

Por Odalis F. Marte
      @ofmarte

Existe mayor conciencia de que el cambio climático no es simplemente un problema ambiental sino un gran reto económico. En efecto, el alza de la temperatura global implica importantes alteraciones en las estaciones del año, incluyendo los ciclos de lluvia con mayores inundaciones, las temporadas secas más prolongadas y severas, los inviernos más temperados y el aumento del nivel del mar por los deshielos en los polos del planeta, todo lo cual obliga a cambios de función de producción en la economía mundial.

A pesar de ser los países desarrollados los principales responsables de la contaminación que está alterando los ciclos climáticos, son los países en vías de desarrollo los más afectados y amenazados en su supervivencia. Ejemplo de ello es el caso de América Latina, responsable de aproximadamente  13% de las emisiones de carbono en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas, experimentaría un enorme perjuicio económico por el aumento de la temperatura global. En el caso de la República Dominicana, como estado pequeño insular en vías de desarrollo y con una relativamente alta densidad de población se considera muy vulnerable al cambio climático, la elevación del nivel del mar y los desastres naturales.

Afortunadamente, se están dando los movimientos de conciencia, ciencia, presiones políticas y hasta oportunidades de negocios que están poniendo incentivos para que los principales países aborden el cambio climático con una visión de mitigación, prevención, inclusión y transformación productiva. Bajo estas circunstancias, ¿cómo podría contribuir la política monetaria para sortear los impactos del cambio climático sobre economías como la dominicana?

Para tener una idea de esta potencial contribución es importante aclarar que la política monetaria es el componente de la política económica de un gobierno que se encarga de administrar la cantidad de dinero en la economía procurando que el equilibrio entre la oferta y la demanda de dinero permita un nivel deseado de inflación y un funcionamiento adecuado de los sistemas financiero y de pagos. La institución a cargo de implementar la política monetaria es el Banco Central, el cual puede influir en las tasas de interés que la banca paga por los ahorros y cobra por los préstamos aumentado o disminuyendo la cantidad de dinero en la economía, dado que es la única entidad que puede emitir dinero a nivel nacional.

Un aspecto vital en la lucha contra el cambio climático es precisamente el financiamiento. Dado que, según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero de República Dominicana, el sector generador de energía es responsable de aproximadamente el 62% de esos gases en el país. Por consiguiente,  para que los agentes económicos puedan lograr una transformación productiva hacia fuentes limpias de energía y minimizar las emisiones de carbono enfrentan un costo de transición el cual requiere de financiamiento. La movilización de recursos financieros para sustentar la transición desde un sistema de producción intensivo en el uso de energías fósiles hacia un modo en donde prevalezca la utilización de energías no contaminantes. En ese sentido, como ente regulador del sistema financiero, un banco central puede alentar a los bancos a canalizar recursos hacia el sector privado para que éste acceda a tecnologías que les permitan una producción limpia, salvo limitaciones de tipo legales o prudenciales.

Fuente: Comisión Nacional de Energía

Hay países que han diseñado lineamientos para el financiamiento climático en su regulación financiera, como es el caso de Bangladesh, otros han dedicado líneas de crédito para proyectos de energía limpia y han creado sistemas de garantías para f
acilitar el financiamiento bancario al sector privado, como son los casos de países con alto déficit energético como Pakistán. México está utilizando los avances en su mercado de capitales para el diseño de vehículos financieros especialmente bonos para el financiamiento climático.

En la República Dominicana estamos aprendiendo de esas experiencias y analizando las posibilidades que permiten nuestro marco legal. El Banco Central de la República Dominicana ha estado colaborando en el Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mecanismo de Desarrollo limpio en las delegaciones dominicanas en las cumbres sobre cambio climático de Lima en 2014 y París en 2015. Además, hay personal técnico de la institución estudiando las implicaciones del cambio climático en la economía en el largo plazo y colaborando con el diseño de mecanismos de financiamiento climático en foros internacionales. De esta cooperación interinstitucional se esperan productos que se conocerán en el futuro cercano.